martes, 11 de diciembre de 2012

¡Lesbiana contrariada!




 ¡Yo soy!



Paseaba a su perro frente al Auditorio y nos paramos a saludarle. Ya nos despedíamos con la frase típica sobre el tiempo: 

_¡Abríguese! Que con estas heladas... Donde mejor se está es en la cama juntitos y calentitos.
El lo dijo sin cortarse un pelo: 

_Tengo 75 años. Vivo desde hace veinte, con una mujer separada con una hija y desde hace más de diez años, mi mujer no me deja que me acerque a ella. Dormimos en habitaciones separadas y si alguna  vez intento hacerle una carantoña, se aparta como si le diera asco. Creo que mi mujer es una "lesbiana contrariada" -lo dijo así como si dijera es una zurda contrariada_ Le escuchamos mudas y continuó: 

 ¿Por qué digo esto?, porque no hace mucho que su hija se casó con otra chica y ese día vi brillar en los ojos de su madre una luz diferente, como si pensara: ¡Qué bien hiciste! tenía una alegría especial en la mirada. 

Le preguntamos que por qué seguía con ella y él anciano respondió: 

Hago una vida normal. Ella me permite que salga con mujeres y una o dos veces al mes, voy de putas. Podéis creerlo o no _continuó el mayor_  pero sólo voy con mujeres de ésas para hablar y desahogarme no pido más. 

Con razón se dice que las "mujeres perdidas son las más buscadas". Las dos "mujeres de buena vida"que allí estábamos, con una sonrisa supimos que le habíamos servido de desahogo en su charla. Le ahorramos el estipendio de el mes.


Mi sombra sonríe al recordarlo: "No hay más que tres acontecimientos importantes en la vida: nacer, vivir y morir. No sentimos lo primero, sufrimos al morir y nos olvidamos de vivir" Jean de la Bruyère.



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