jueves, 20 de junio de 2013

Filandón "casero" (1)



Los cinco hermanos, tres mujeres y dos hombres, están sentados alrededor de la mesa de la cocina. Sobre la misma, unas botellas de licor, una bandeja de cristal con pequeñas copas en forma de dedal y un enorme y esponjoso mazapán. Una de las mujeres reparte trozos de mazapán entre los cinco y propone hacer un "Filandón casero". Cada uno de ellos contará algún recuerdo de su niñez relacionado con la familia. Comenzó Celsa, la menor de los cinco: 

_Bueno, pues como sabéis, yo siempre fui muy dura de mollera para el estudio. Tío Antonio que cada martes iba a Astorga al mercado, me traía coplas de ciego y un par de pendientes de diez pesetas. Llegué a tener  llena de pendientes de muchos colores y muy brillantes una caja de zapatos. Colocaba debajo las coplas y sobre ellas los pendientes. Pues resulta que a los dos días me sabía la copla de memoria y él decía: "Esta cabrona, si tiene memoria para las coplas, ¿cómo no la tiene para los libros? Y...ya está. Regina, te toca: 

_Pues ya que hablas del tío Antonio yo también contaré algo que tiene que ver con él. Es una chorrada pero estamos en familia. A mí me gustaba mucho cantar, bueno antes se cantaba mucho. Yo cantaba bastante mal, pero cantaba fregando, cantaba barriendo, cantaba haciendo las camas... siempre cantaba. Así que a mí el tío Antonio me llamaba "El Ruiseñor acatarrado". Según me oía, yo tendría trece o catorce años, entraba en casa diciendo: "Ya está ahí cantando la jodía "Ruiseñor acatarrao". Lo recuerdo con mucho cariño. Te paso el turno, José:

_Está bien. Cuando mamá enfermó nos vino a cuidar la prima Herminia ¿Os acordáis? _Los cuatro asintieron con la cabeza_.  Pues un día para cenar nos estaba friendo unos huevos. Yo me acerqué y cogí mi plato con su huevo frito supongo que para ir hacia la mesa. En ese momento Herminia me dijo:¡Tú mira a ver si lo  tiras! Yo cogí el plato con el huevo me fui corriendo a la puerta de la calle y lo tiré.  Los niños no se complican la vida. Hice "a pies juntillas" lo que ella me mandó, claro que no tendría más de cinco años, pero me acuerdo que me echó un rapapolvo de cuidado.  Te toca a ti, Ángela:

 _Pues cuando yo empecé a ir a la escuela hubo unos días que dio clase D. Tomás al que llamábamos "Panizo" que era el marido de la maestra pero no era maestro. Las mayores me decían: "Vete y tírale de los pantalones a "Panizo" por debajo de la mesa". Yo como era pequeña, tendría cuatro años, hacía lo que me mandaban y Panizo decía: "Esa pequeña "pelos de Piedad" que se vaya a su casa, que se vaya a su casa".  Seguro que se lo pasaban en grande a mi costa. Bueno te toca,  Luis: 

_Bien pues seguro que vosotros también lo recordáis. Un año que fuimos invitados a comer a la fiesta de Vega a casa de tía Marucha. La prima María que iba también de invitada,  después del primer plato, guardó un trozo de pan. ¿Para qué lo guardas?_le pregunté_ para lo que venga después _contestó la rapaza. Lo malo que después ya no vino nada. Así que se comió en silencio su trozo de pan sólo. 

A cada intervención sonreían los que escuchaban. Por último intervino Luis de nuevo:

_ ¿Sabéis que los filandones estuvieron prohibidos? 

_¡No puede ser! dijeron los cuatro hermanos a la vez. 

_Pues sí, lo leí en Internet. Hay un documento  fechado en 1751, que llega a la iglesia de Toreno, desde el obispado de Astorga, en el que textualmente se dice: “... manda su merced que de aquí adelante no se agan semexantes junttas y filandones, ni persona ni vecino alguno lo permitta en su casa. Y así lo cumplan, en birtud de santa obedienzia, pena de excomunión maior y de un ducado de multa...”. 

_Claro en el siglo XVIII que se juntaran chicas con chicos en los "filandones" _añadió José_ si además se echaban unas risas, eso para la Iglesia era pecado seguro.


Pasar el rato, merece la pena: "La vida no ha sido la fiesta que habíamos imaginado pero ya que estamos aquí bailemos" de Fernando Aramburu.



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