jueves, 21 de noviembre de 2013

"Infancia trabajadora"





 Día Internacional de la Infancia 20 de Noviembre:

 ¡Siempre habrá nin@s trabajando! Mientras haya necesidades primarias, guerras, pobreza, abusos... Y no es lo peor que le puede ocurrir a la infancia.

Mi sombra fue una niña trabajadora. ¡Y... a mucha honra!, como diría mi abuela. Nada tenía de especial, porque la mayoría de las niñas, en mis circunstancias, trabajaban. Por eso yo no me rasgo las vestiduras. En nuestros pueblos los padres se iban a trabajar al monte o en mi caso a otros pueblos y dejaban a la "niña" mayor, aunque no fuera la primogénita, al cuidado de sus hermanos y de los pequeños quehaceres de la casa que para ellas eran grandes. 

A esas niñas como yo, no les colgaban la llave del cuello como ahora algunos padres están obligados a hacer, para que sus hijos vayan al colegio. No, ellas, no iban a la escuela.  La llave quedaba en la puerta porque esas personitas, que en mi caso contaba  siete años, eran las dueñas de su casa. Algunas "niñas trabajadoras" que alguna vez se comportaron como niñas: 

Luisa: Cuando nació el sexto de sus hermanos, ella tenía unos diez años, se escapó de casa y se fue a llorar a los "praos" porque estaba harta de cuidar a sus hermanos y no quería más niños. Su padre la convenció para volver a casa.

Amelia: su madre lavaba en el lavadero frente a la casa. Se oía llorar a un bebé y pidió a la niña que lavaba junto a ella, que fuera a arrollarlo, ésta gritando dijo: ¡No para de llorar, es un llorón como vaya lo tiro de la cuna! Entró en la casa y balanceó al niño con tanta fuerza que lo tiró de la cuna. Su madre apareció y recogió al bebé del suelo, sin daño, gracias a las mantillas. Lo que ella recuerda con nitidez es que su madre no la riñó ni le pegó por eso.

 María: Un día al cuidado de su hermanito, bajó a la bodega con el pequeño y ambos cogieron una borrachera de aquí te espero.

Lidia: Estaba en Madrid con su tía en busca de una oportunidad, tenía 15 años. Su madre murió al dar a luz a su octavo hermano que fue una niña, tuvo que regresar al pueblo para hacerse cargo de la familia.

 Mi sombra: Con siete años cuidó de dos hermanos pequeños uno de un año y otro de meses: daba el biberón al bebé, lo arrullaba, hacía las camas subiéndome por encima de ellas, barría dejando el tamo por debajo de las camas, fregaba con agua fría, cuidaba del puchero, daba de comer a los animales... ¡Como las demás niñas! 

Mi mayor y única pena era no poder ir a la escuela. Todas las niñas "mayores" asumíamos desde muy pequeñas nuestras tareas. También sabíamos que hasta que el más pequeño/a no cumpliera los seis años y comenzara su escolaridad, no podríamos iniciar la nuestra. 

Comencé a ir a la escuela a los doce años. ¡Nunca me sentí una niña explotada! Cuando se ve la necesidad, maduras rápidamente y lo aceptas. Mi madre por las noches me leía cuentos que yo repetía a mis hermanos por el día: Sabía que al "Soldadito de plomo" le faltaba una pierna, que a "Blancanieves" la maltrataba su madrastra y que "Piel de Asno" era muy bella bajo aquella piel de burro. 

Cuando cada día las noticias nos hablan de: pedófilos, proxenetas, maltratadores y  abusos de todo tipo a la infancia, pienso que para el mundo infantil el trabajo, siendo un abuso, no es lo peor... 

NO deseo que los niñ@s tengan que trabajar,  pero si han de hacerlo, que se les trate como lo que son, niños y niñas, sobre todo personas. Hay 57 millones de niñ@s sin escolarizar en el mundo. Que se les cuenten muchas historias: para que despierten su imaginación, para que no se apague su esperanza y para que mantengan su dignidad, como la mantuvimos las "niñas trabajadoras" de otros tiempos en España.


Lo peor de la infancia, con ser duro, no es el trabajo: "El futuro de los niños es siempre hoy. Mañana será tarde" de Gabriela Mistral.




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