martes, 18 de marzo de 2014

¡Sin sentencia!




Sin juicio ni sentencia. Son muchas las parejas que se separan de mutuo acuerdo, aunque algunos casos sobre todo famosos,  nos hacen creer que no es así.

Leo, se enamoró de Jénifer, cuando tenía un hijo de dos años y su mujer estaba embarazada. Le dio un gran disgusto a su esposa que a punto estuvo de perder el hijo que esperaba, pero fue leal y sincero. Se fue de casa y comenzó una nueva vida en pareja 

Leo, estuvo presente en el parto de su segundo hijo. Su mujer nunca ha tenido que ir a un juicio para exigir sus deberes como padre. No ha hecho falta que un juez imparta justicia ni conceda visitas. El padre cumple con sus obligaciones afectivas y económicas, éstas en la medida que su sueldo se lo permite. No han establecido régimen legal alguno. Vivir en el mismo lugar facilita estas situaciones, pero en todos los casos la buena disposición de la pareja hace que no sea un trauma separarse, al menos para los hijos.

Mientras los niños fueron bebés era Leo quien iba a visitarlos. Ahora que los niños tienen tres y cinco años son los pequeños los que se van con su padre los fines de semana. Si un día cualquiera la madre no puede ir a recoger a sus niños al colegio, llama al padre y éste se encarga de hacerlo. Si un fin de semana el progenitor quiere salir fuera de la ciudad, avisa a la madre de sus hijos que se queda con los niños. Sin discusiones, sin disculpas, sin fisuras, sin malos rollos.. Todo porque ambos sienten un gran cariño por sus vástagos y éstos para los dos son lo más importante. 

También los motivos económicos, hacen que cada vez sean más las parejas que se separan sin papeles de por medio. Ya lo dijo aquella gitana como maldición a quien nada le daba: "Que tengas juicios y los ganes" pues siempre perjudican a las partes las sentencias, por favorables que sean. Sin descartar los casos en los que no haya más remedio que acudir a los tribunales. Una sentencia, rompe la armonía entre la pareja para siempre y los hijos son los perjudicados. Se puede seguir teniendo respeto e incluso afecto, por la persona con la que ya no convives aunque sólo sea por  la descendencia que siempre creará un vínculo entre ambos. Nadie es culpable de enamorarse ni tampoco de dejar de amar a alguien. 


 En nuestro mundo "nada" es para siempre:"El hombre honrado es el que mide su derecho por su deber" de Jean A. Henri Lacordaire. 




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