jueves, 16 de octubre de 2014

¡Seguros!






¡Seguros! ¿Qué seguros? Tener un "seguro" puede ser la cosa más insegura que tengas. No lo sabrás hasta que no te ocurra algún percance. 

El otoño pasado en el embalse de Riaño el temporal deterioró varios barcos del pantano. Permanecen allí anclados todo el año para disfrute de sus dueños principalmente en verano. 

Los dueños de las embarcaciones, entre ellos mi hernano mayor, se apesadumbraron por las averías del temporal en sus naves. Sólo les consolaba saber que el club disponía de un seguro que se haría cargo de los desperfectos. Cuál no sería la sorpresa de los propietarios de los barcos cuando fueron a solicitar la ayuda del seguro disponible y les fue mostrada la cláusula uno a uno en letra muy, muy pequeña que decía textualmente: "El seguro no se hace cargo de los desperfectos que tentan lugar en aparatos que flotan en el agua". 

¿Un seguro para embarcaciones que no cubre lo que flota?

 ¡Manda huevos! Desde ahora lo sabemos. Los  barcos que se aseguran en nuestros pantanos han de tener alas y volar por el aire.

Lógicamente los dueños de los barcos se dieron de baja de un "seguro" que de seguro no tuvo nada.


Mi sombra perpleja: "Salimos de nuestra casa cansados de nosotros mismos y volvemos cansados de los demás" de Miguel Zamacois.




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