jueves, 4 de diciembre de 2014

"Torcido"






 "Molerlo a palos pero no dejéis que se tuerza" 
 "Matadlo a palos pero no dejéis que se descarrile" 

¿Cómo puede un padre en su lecho de muerte pronunciar esas frases referidas a su único hijo?

Pero...las palabras ya sobraban cuando el padre expiró. El chico ya estaba "torcido" y "descarrilado". 

El matrimonio ya mayor y sin hijos lo adoptó o ¿compró? de bebé. Las circunstancias son dudosas y  hay muchos puntos en común con los niños "comprados" en Madrid. La mujer no estaba muy convencida. El marido pensaba en la ayuda que el chico le prestaría cuando creciera con la sementera que era una gran carga por ser muy abundante. 

Lo recibieron con ilusión, lo cuidaron con mimo y afecto. No escatimaron con su educación enviándolo a colegios privados. A pesar de todo fue expulsado en tres ocasiones de varios colegios. El chico creció rebelde con caprichos por parte de su madre adoptiva y rigidez y castigos físicos por parte del padre. 

El año que cumplió los 16 años vio en la muerte de su padre adoptivo su liberación. Ahora nadie le volvería a poner la mano encima. Su descarrile creció y creció más y más. Al quedarse solo con su madre toda su frustración la descargó sobre ella: gritos, insultos, descalificaciones, empujones, tirones de pelo... añicos por el suelo de platos, vasos, fotos ... Todo esto está ocurriendo, a pesar de ser mayor de edad, cada vez que su madre le niega el dinero que constantemente le pide. Su madre adoptiva le amenaza con denuncias que nunca presenta. La rutina de cada día es la misma. El temor cada vez mayor. La policía en casa un día sí y otro también. 

No somos jueces. Quizás tiene en su interior la tristeza y la rabia de un supuesto abandono incomprendido por parte de la mujer que le trajo al mundo. 


Todo abandono marca: "No hay angustia semejante  a la de llevar dentro una historia que no ha sido contada" de Zora Neale Hurston.



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