jueves, 12 de marzo de 2015

¡Personas tóxicas!





 No todos los tóxicos de nuestro tiempo vienen del medio ambiente. Algunos vienen de los humanos: de nuestros vecinos, de nuestros amigos, de nuestros familiares e incluso de personas no conocidas que intoxican a través de la Red o la TV. 

En mi opinión, hasta la salud de quien las sufre se puede resentir si no se es suficientemente fuerte y seguro/a interiormente. Las tóxicas son personas que ponen de los nervios, te sacan o intentan sacarte de quicio, irritan, machacan y hasta pueden hacernos caer en una depresión. 

Son seres envidiosos y celosos que sólo esperan una oportunidad para humillar al otro/a en cualquier parte o lugar. Está esa mujer o ese hombre que minusvalora e insulta faltando al respeto continuamente a su pareja: ¡Vete a la mierda!, ¡vete a tomar "pol" culo!, ¡calla que tú no tienes ni idea!... y lo hace delante de otras personas para que la humillación sea mayor. 

Recuerdo a una persona que cuando le comenté que escribía este blog soltó: "Todos los que escriben en Internet, no tienen ni idea de escribir". Esa pareja joven dispuesta a salir. Alguien le dice a ella: ¡qué guapa vas! y su pareja rechifla: ¡Pero sí va pintada como una puerta! 

Mi sombra ha presenciado a uno de 35 años decirle a su pareja de 39 con cara de asco: ¡Ya eres una vieja! O el manipulador que un día está bien y al otro desgasta a su pareja con comentarios como: ¡No sé para qué estudias ahora si ya no te va a valer para nada! Su pareja tiene varios títulos universitarios ¿Será que él no los tiene y eso es lo que le jode? 

Hay hombres que culpabilizan de todo a su pareja hasta de haber tenido hijos: "Si no hubiéramos tenido hijos, si no hubiéramos tenido hijos, si no hubieran nacido éstos ..." y al día siguiente se hacen los padrazos delante de los demás. 

A las personas tóxicas no conviene escucharlas cuando humillan. Lo mejor es hacer como si lleváramos tapones en los oídos. De lo contrario te desgastan, te ponen de mal café y te quitan energía. 


Ya lo dijo Cervantes en boca de D. Quijote: ¡Oh envidia, raíz de infinitos males y carcoma de las virtudes! Todos los vicios, Sancho, traen un no sé qué de deleite consigo: pero el de la envidia no nos trae sino disgustos, rencores y rabias" 



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