jueves, 11 de junio de 2015

Viajando (3)





Faltan sólo diez días para que comience el verano y con él los posibles viajes a realizar, cerca o lejos, no importa, muchos lugares nos hacen descubrirnos a nosotros mismos. Hoy traigo a mi blog una hermosa experiencia de uno de los viajes que he tenido la suerte de realizar.

Nos encontrábamos en Petra la hermosa "Ciudad Rosa" del reino navateo en Jordania, hoy. una de las siete maravillas de la Humanidad.  La primera noche decidimos participar en una ruta  nocturna por el desfiladero. Como son actividades programadas, suelen ser menospreciadas por mucha gente que nunca ha viajado, "como ovejas", te dicen. ¡Benditas ovejas con semejante oportunidad! Sólo mi pareja y yo de las tres que hacíamos el viaje juntas, decidimos realizarla.

 Nos reunimos el conjunto de turistas que íbamos a participar, en una plaza próxima al lugar. Allí, nos explicaron en inglés lo que íbamos a hacer. Como mi inglés no es ni de los de andar por casa, apenas entendí de qué iba la cosa. Luego comprendí que no necesitaba explicación. 

Comenzamos la andadura por el desfiladero sobre las doce en una hermosa noche de verano. A ambos lados del desfiladero, de trecho en trecho, velas encendidas que nos servían de guía y daban solemnidad a la senda. El silencio sólo era roto por el sonido de nuestros pasos sobre la tierra. Las oscuras y elevadas paredes a ambos lados imponían. Por el día veríamos sus hermosos colores. El cielo nocturno sobre nuestras cabezas, que a veces apenas se veías por lo cerrado del desfiladero, parecía cercano.

Se me hizo muy corto el recorrido y cuando menos lo esperaba, apareció iluminada la Puerta del Tesoro que tantas veces contemplamos en los libros. A sus pies esterillas con velas encendidas donde nos íbamos sentando en posición de loto. Nuestras caras apenas se veían a la luz de las velas. Unos hombres jóvenes nos sirvieron un té. 

A continuación en medio de un silencio sepulcral la voz de un anciano árabe comenzó una oración en navateo. No supe lo que dijo, pero en aquel entorno con las estrellas sobre nuestras cabezas el momento místico fue total. Al final tres gritos que resonaron en la noche y que me pusieronn el vello de punta: ¡¡Petra!! ¡¡Petra!! ¡¡Petra!! Fue un tiempo sin medida, mágico. ¡Jamás olvidaré esa noche!

Recorrimos de nuevo el desfiladero en sentido contrario cuando lo decidimos libremente. Curiosamente el taxista que nos llevó hasta allí, no nos quiso cobrar el importe del taxi a la ida, ni nos pidió nuestros nombres para la vuelta, pero allí estaba esperándonos para llevarnos de regresos al hotel.

A la mañana siguiente una persona de nuestro grupo me preguntó qué tal el programa de la noche. Recordando la experiencia con la madre de Alex de las Pirámides que conté en el post Viajando (1)  mi sombra sólo le dijo: Muy bien. A lo que la persona comentó: Se ve que no fue gran cosa sino te explayarías más. Estuve a punto de decirle que había sido una experiencia extraordinaria pero no lo hice, cada uno ha de vivir sus propias emociones, éstas no se pueden prestar.


Esa misma tarde realizamos con un buen guía de nuevo las seis personas el hermoso recorrido ampliado mucho más allá de la Puerta del Tesoro. Contemplamos los hermosos colores de la piedra, los restos navateos y romanos, las numerosas tumbas, subimos por los más de 800 peldaños hasta la tumba o puerta del "Monasterio"... ¡Me encantó, pero nada superó la aventura nocturna!  Lo que mi sombra sintió por dentro esa noche no se puede explicar con palabras. Fue una experiencia religiosa en toda regla. 



Los viajes como los libros abren nuestros sentidos, incluido el sentido común: "El andar tierras y comunicar con diversas gentes hace a los hombres discretos" de Miguel de Cervantes.



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