jueves, 12 de septiembre de 2013

¡Coca-cola y gaseosa!





El matrimonio visitaba un poblado indígena, en México.  

En la gran choza que servía para el culto a sus dioses había varios hombres, rezando o eso parecía, ante dos imágenes: Una de San Juan con larga melena, aparentemente de pelo natural, al que ellos nombraban como "Dios de la Lluvia" y otra de San Pedro barbudo con sus llaves en una mano, al que rogaban como "Dios del Fuego". Cerca de ellos varias mujeres colocaban rosas de distintos colores ante un sencillo cuadro de la Virgen de Guadalupe.

  Delante de las imágenes de los dos Santos, varios hombres "eructaban" para echar del interior de sus cuerpos los malos espíritus según sus creencias. Lo que más sorprendió a los visitantes fue lo que tomaban para eructar: 

¡Grandes tragos de coca-cola y gaseosa para que los espíritus fueran más fáciles de expulsar!

El guía aclaró que los santos que llevaron los españoles, aunque seguían con sus nombres cristianos, les habían asignado la labor y el poder de los suyos propios: Así a San Juan  "El Dios de la Lluvia" y "Dios del Fuego" a San Pedro. Antes, continuó explicando el guía, eructaban tomando un brebaje de unas hierbas que ellos conocían, pero actualmente lo hacían así, con coca-cola y gaseosa.  Se quedaron sin palabras ante la firmeza de su fe.


Mi sombra recordó la frase: "La fe disminuye siempre en los hombres felices de vivir. Para contar con fieles firmes es preciso mantenerlos en la pobreza y en medio de los peligros" de Remy de Gourmont, literato francés.




                                                                   

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