jueves, 14 de junio de 2018

LAYA




Me llamo Laya. Desde que era un bebé vivo en Oviedo con una familia de cuatro humanos. Una pareja y sus dos cachorros una hembra y un macho. Mucha gente me llama perro Labrador, no me gusta, por lo menos que digan Labradora. Según ellos tengo Pedigrí ¿qué será eso?. ¡Estos humanos...! Cuando me trajeron al piso le di varias noches malas a mi madre adoptiva y es que me acordaba de mi familia perruna. Mi padre adoptivo cuando me sacaba de paseo me daba mucha libertad así que yo corría y comía todo lo que encontraba. Claro pillé una descomposición de perra, aunque ellos dicen de caballo ¡Estos humanos...! Me llevaron al Curaperros y me dio pastillas, lo peor es que estuve dos días sin comer y sin salir y cuando me sacaron a la calle me pusieron un bozal. ¿Cómo iba a husmear los traseros de mis colegas con eso? Menos mal que fueron sólo unos días. ¡Estos humanos...! Mi madre adoptiva madruga mucho. Al principio la acompañaba en el desayuno pero se iba, así que decidí quedarme en mi cama. Cuando los pequeños animales se van al colegio me quedo con mi padre adoptivo que se pasa las horas tecleando un aparato negro. A veces se enfada, lo noto porque se levanta bruscamente, va hacia la ventana y echa humo por la nariz, pero si yo me acerco se le pasa un poco el enfado. ¡Estos humanos...! Hace un mes salimos los dos, yo vi a un cuatropatas hermoso y me fui corriendo tras él, mi padre adoptivo corriendo tras de mi, se cayó y vino cojeando. Ahora pone la pierna en alto y la unta de barro. Si yo vengo con barro se hartan de limpiarme y él se embadurna la pierna con barro dentro de casa. ¡Estos humanos...! Desde entonces me saca mi madre adoptiva pero el otro día Cisco, ese perro loco, la tiró y se dio un "culazo" tremendo. ¿Quién me sacará ahora? La adolescente no, porque siempre está con libros, alguno de hojas verdes! ¡Con lo que a mí me gustan las hojas verdes. Además el otro día cogió una llorera porque no le gustaban los pelos que tiene sobre los ojos. Tampoco puedo confiar en el pequeño futbolista. Un día que era fiesta le puse las patas sobre los hombros para lamerlo y se puso a llorar; me tiró una pelota y mientras fui a por ella se encerró en la cocina. ¡Estos humanos...! ¡Ah! Se me olvidaba ya he viajado. Me llevaron a León. Cuando oí el nombre tuve miedo pero resulta que es una ciudad con nombre de animal salvaje. ¡Estos humanos...! La casa a la que llegamos me gustó, bueno todo menos las escaleras que las odio. ¡Nunca había visto tantos cachorros humanos juntos en un salón, me faltaban patas para contarlos! Al principio me decían cosas todos a la vez Layapaqui, Layapaya, y yo, aunque soy lista, no sabía a quien atender. Menos mal que al rato se ponían a jugar y pasaban de mi.¡Estos humanos...! 


Laya nos ama y la queremos: El alma es la misma en todas las criaturas, aunque el cuerpo de cada uno es diferente" de Hipócrates.



jueves, 7 de junio de 2018

Días de comuniones


Este post surgió con una idea de Ester, .AUTODIDACTA que en uno de sus post preguntaba cómo había sido nuestra Primera Comunión. Así recuerdo yo la mía:

En el pueblo se hacía la comunión un domingo de mayo. Todas las niñas y los niños con los que la hice eran mayores que yo. Aún no había cumplido los siete años pero mi madre quiso que la hiciera con mi hermano un año mayor que yo, aunque parecía más pequeño porque era un jijas, eso decía mi madre je, je. Claro que yo con bucles y corona de flores parecía aún más alta. 

Aprendí  el catecismo y las oraciones recitándolas de memoria en la catequesis. Ese día iba de largo y de blanco con un vestido heredado de una prima que llevaba todos los accesorios: Velo, corona, rosario, guantes, libro, faltriquera de seda que colgaba de la cintura... 

Me pasé la misa pendiente de la faltriquera, del libro y del rosario. El libro con tapas de charol aún lo conservo. ¡Me encantó! Las demás niñas llevaban vestidos cortos normales, de colores suaves menos Angelita que llevaba un vestido rojo.

Cuando recibí la comunión me llevé una gran sorpresa. Por aquel entonces en la catequesis no te daban recortes de las hostias como ahora y yo veía al sacerdote con la Hostia Consagrada en su mano con suaves movimientos de arriba abajo sobre el Cáliz y pensaba que era porque goteaba. Cuando me la puso en la lengua el sacerdote ¡jamás se podía tocar con las manos! estaba seca, además de eso, otro problema añadido. No se podía tocar con los dientes la Sagrada Forma porque era pecado. ¡Todo era pecado! Recuerdo una vez que me fui a confesar dos veces antes de comulgar, porque me acordé de un "pecado" que se me había olvidado. ¿Qué sería? ¡Con seis años!

Cuando finalizó la Comunión yo leía en el libro lo que ponía para después de la Comunión y claro apenas leí unas líneas me dijeron que lo dejara que teníamos que salir. Supongo que habría una comida familiar no la recuerdo, tampoco hubo regalos.

Pasados unos quince días mi madre nos volvió a vestir a mi hermano y a mi porque venía un fotógrafo para hacernos una foto. El entorno elegido para hacerla no pudo ser más original. Una tierra llena de surcos, al fondo una tapia, unos árboles y un palo de la luz. ¡Es entrañable! Aunque me causa risa mirarla . 


¡Qué recuerdos! "Lo maravilloso de la infancia es que cualquier cosa es en ella una maravilla" de Gilbert Keith Chesterton.