jueves, 5 de diciembre de 2013

¡Malas monjas!





En estas comidas prenavideñas se suele hablar de todo un poco. ¡Le tocó a las monjas!

En días no muy lejanos algunas educadoras religiosas eran verdaderas maltratadoras. ¡Era como si tuvieran bula para hacerlo! Y... las experiencias con las "malas monjas" que hoy nos hacen reír, eran muy tristes y dejaron huellas difíciles de borrar. Merce, cuenta: 

_¡Y eso que yo era externa! Un día las monjas me castigaron por charlar y me dejaron a dormir allí. Me pasé toda la noche llorando pensando que mis padres no me querían y me habían abandonado allí, para siempre. Aún siento angustia cuando lo pienso. Ahora es Josefina la que habla:  

_Pues  cuando yo llevaba muletas, un martes lo recuerdo bien, la monja en clase me sacó al encerado.Como no sabía hacer lo que me mandó, me dio dos bofetadas y se  me cayeron las muletas. Yo no podía agacharme a por ellas. Allí me dejó hasta que las externas llamaron a mi madre que vino y puso a la monja de vuelta y media.

_¿Te acuerdas Viki  _es de nuevo Merce la que interviene_ que tu madre se quejaba de que a ti no te dejaban llevar la bata los viernes?  Un día me preguntó a mí y se lo dije, ya estaba harta de que la monja te pegara de aquella manera. Se lo solté a tu madre: Es que la monja le pega muchas bofetadas y le hace sangrar de la nariz y como mancha la bata de sangre, no se la deja llevar a casa  y se la hace lavar en el colegio _la aludida afirmó con la cabeza y añadió: 

_En 8º apenas fui a clase y las monjas me aprobaron. Tenían tantas ganas de perderme de vista como yo a ellas.¡Cómo sería aquella monja que mi hermana con 4 o 5 añitos cuando mi madre la peinaba se cogía la cabeza entre las manos y decía  llorando: ¡"Coletas no, coletas no"!, porque de los tirones que le daba le hacía calvas que mi madre no se explicaba. Un día me lo contó a  mí y encima me decía que no se lo dijera a mamá porque igual la monja le tiraba más. 

_Pues aquella monja, Sor Purificación, _interrumpió Mila_con aquella nariz puntiaguda que más parecía una bruja. A Lita la cogía por detrás de la cabeza y le daba golpes contra el encerado mientras decía: De hierro, de cemento, de madera de pino; y a cada palabra un golpe. 

_ Sí, _apostilló Marga_  con sor Purificación mi amiga Sole, cogía una horquilla y se hurgaba la nariz hasta que sangraba, para que la monja la mandara para el pasillo y no la castigara. ¡Menos mal que ésa se salió de monja! A los pocos años de irme yo, me contaron que la ingresaron en Santa Isabel.

_Las externas llevaban a las excursiones bocadillos de chorizo o jamón serrano _recuerda Mabel_ y las internas de mortadela o jamón york, así que las internas siempre mirábamos para la merienda de las externas con cierta envidia. Un día mi abuelo fue a verme y me llevó dos tripas de chorizo y un par de libras de chocolate de "Zorita". Las  guardé en el armario entre la ropa. Cuando llegó un día de excursión me dijo mi amiga Lupe: ¡"Jo, nos vamos a quedar de piedra mirando los bocatas de las externas! Yo toda contenta le dije: No te preocupes que hoy nuestra merienda va a ser de primera, me trajo mi abuelo...  Cuando estaba buscando entre la ropa mis prendas comestibles preferidas, apareció la monja y me preguntó: Mabel, ¿qué buscas? Le dije que un pañuelo. La monja con cara sonriente me espetó: ¡Ah!, porque si buscas el chorizo y el chocolate ya no lo tienes ahí. ¡Nunca más supe del regalo de mi abuelo? Y aún recuerdo la cara de mi amiga Lupe cuando se lo conté.

 Mi sombra preguntó: ¿Y no decíais nada en casa?  Algunas sí lo dijeron _remarcó Marga_, porque se pasaban con los castigos,  yo si comentaba algo en casa me decían: "Algo les harías tú".


Ni aquello ni la permisividad actual: "La fuerza no puede jamás persuadir a los seres humanos. Sólo consigue hacerlos hipócritas" de François Fénelon.



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