martes, 10 de junio de 2014

Joaquina la "ratoncita"






Mi sombra curiosa escucha el diálogo en un bar de Eras. Una niña de unos cinco años va hacia su madre y le pregunta:

  _¿A que no sabes lo que me duele?

 _No sé, _le dice su madre_  la tripa, la cabeza, las piernas... porque  seguro que estás creciendo. 

_No, no, ¿te rindes? 

_Me rindo. 

_Me duele un diente y si se me cae, el Ratoncito Pérez me traerá un regalo. ¡A que sí! ¿Cuando a ti se te caía un diente también te traia algo el Ratoncito Pérez? 

_Cuando  yo era como tú y se me movía un diente, no le dejaba a nadie de la familia que me lo tocara. En el colegio había una monjita que se llamaba Joaquina, que era la Ratoncita de casi todas las niñas. Había estado de misionera en África y todas las niñas cuando se les movía un diente esperaban a su clase para decírselo. No sé cómo lo hacía pero de un tironcito de nada te sacaba el diente y ni sangraba siquiera. Luego te daba una estampita y un caramelo que sacaba de su hábito y nos hacía de lo más felices. ¡Parece que aún la estoy viendo! A lo mejor se cansó de ser Ratoncita y se lo dijo al Ratoncito Pérez y por eso ahora viene él cuando a alguien se le cae un diente... La pequeña se alejó un tanto pensativa, como si quiesiera asimilar lo escuchado para volver a preguntar.


Me gustó la mezcla de realidad y fantasía: "Se puede tener por compañera la fantasía, pero se debe tener como guía a la razón" de Samuel Johnson  



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