lunes, 24 de septiembre de 2007

En la plaza Mayor






¡ Yo soy!





Soy la sombra que he quedado con mi hermano. Sí, sí, las sombras también tenemos hermanos. Yo tengo cinco. Éste, con el que me cité, bajo los soportales de la Plaza Mayor para tomar unos mostos, es el más gracioso. Se dedica a arreglar teléfonos ensombrecidos, él los "solanea". Al llegar me dijo: No sabes lo que me ocurrió ayer.

_Cuenta, cuenta -dije yo.

_Resulta, que fui a nuestro pueblo a "solanear" el teléfono ensombrecido de Agapito. Llamé al timbre y nadie respondió así que empecé a llamar rodeando la casa. ¡Agapito! ¡Ágapito!... como ni él ni su mujer estaban me fui.

Antes de venirme para León pasé por el bar. Mientras tomaba un café comenté lo sucedido y ¡asombrate! me dijeron que Agapito había fallecido hacía un mes.

Yo, muerta de risa, comenté: ¡Pues mira que si sale Agapito...!


Y... es que: "Vivir es una acción mágica".Ya lo dijo Blaise.




En el paseo de La Condesa
















¡Yo soy!


Soy la sombra que observa a una señora, que he visto comprar en el Rastro, sentada en un banco del Paseo de la Condesa. Otra mujer se acerca sonriente. Lleva pantalón zapatos y bolso rojos con camisa blanca y roja que saluda:

_¡Hola, no dirás que llego tarde!

_ No, _responde la primera_ ¡Mira! una camisa como esa que llevas, iba a comprarme en el mercadillo el martes; las había de todos los colores a 10 euros, pero pensé... no, porque luego encontraré miles de personas que la llevarán.

_Pues yo _responde la otra_ la compré en "Cañón" (tienda barata) hace un mes y me costó 15 euros. Me gustó y claro lo que se compra barato, es normal que lo lleve mucha gente.

Yo, paseé mi sombra entre las dos pensando... ¿Será esto a lo que los humanos llaman
envidia? y... me alargué pensativa.



"La envidia es la polilla del talento". Ya lo dijo Campoamor .




martes, 17 de julio de 2007

En la plaza de Pinilla






¡Yo soy!





Soy la sombra que salpicada por los chorros cristalinos de "la fuente cemento". Yo la llamo así, cuando la veáis lo comprenderéis. Miro a dos crías de unos doce años, no más. Se rien mientras comen cada una una bolsa de "gusanitos" no lo sé muy bien, no me alcanza la mirada. Llevan pantaloncitos cortos y media barriga al aire.

Un hombre de unos cuarenta años, no más, se las queda mirando sonriendo mientras cruza una de las calles. Las dos se dan cuenta y cuchichean algo que no puedo oír. Luego una de ellas dice al paso de mi sombra, creo que para que yo la oyera: ¡ putos viejos...!


Ya se dijo: "Lo peor no siempre ha de ser cierto".




lunes, 16 de julio de 2007

En el parque de Los Reyes






¡Yo soy!





Soy la sombra que contempla una pareja de mediana edad, sentada en un banco del parque. La mujer relata al hombre: "La ropa interior en el cajón de arriba del armario, el traje colgado en el armario de la entrada, el dinero en la bolsita de ganchillo que está... el "hombre pared" ni la mira ni la escucha, sólo murmura: "¡a mí qué me dices...!" como si nada fuera con él.

En otro banco de enfrente, otra pareja algo más joven. Aquí es el hombre quien no para de hablar: "Te dije que no te pusieras esa falda, llevas los ojos demasiado pintados ... y los labios... no digamos, pareces una "furcia", lo haces para que todos se te queden mirando ya me he dado cuenta... la mujer calla, sabe que es inútil razonar...


Alguien dijo: "El amor es como el fuego si no se comunica se apaga".




lunes, 2 de julio de 2007

En el Paseo de Papalaguinda






¡Yo soy!





Soy la sombra, que en la noche de San Juan, mira los preciosos fuegos desde el Paseo de Papalaguinda junto a miles de personas, aparentemente felices mientras contemplan: Oh... Oh...Oh...¡Qué bonitos!

A mi lado, un niño de unos cuatro años sentado en lo alto, sobre los hombros de su padre dice: ¿Papá estos fuegos contaminan? yo... no esperé la respuesta. Entristecida me fui pensando...

_Más contaminan las guerras y las fábricas y los vertederos... _me pregunté:

_Por qué ya ni los niños pueden vivir el presente?. Mientras la hoguera se consumía yo sólo pedí un deseo:


Que todos los niños y niñas del mundo en la Noche de San Juan, sólo vean el arco iris y no piensen...es tan cortita esa noche... les quedan noches tan largas...




jueves, 28 de junio de 2007

En el parque de Quevedo







¡Yo soy!












Soy la sombra que, bajando las escaleras que dan acceso a la entrada principal del Parque de Quevedo; mojada por los chorros del agua de la fuente, me paro frente a tu busto; Quevedo.

¿Quién le iba a decir a tu señora madre, María de Santibáñez, que aquel pequeño de seis años; huérfano de padre, más bien poco agraciado, cojo, gordo, corto de vista... iba a llegar hasta aquí? Pero ella supo mirar más allá y confió en la gran inteligencia de aquel hijo, que a la sombra de la realeza, consiguió ser conocido en toda su patria entonces, y más tarde en todo el mundo.

¡Qué orgullosa se sentiría hoy, en pleno siglo XXI, si supiera que aquí en León y por toda España se levantan estatuas de ese hijo feo y débil por fuera, pero sabio y fuerte por dentro.



Ella vio en ti, a pesar de que murió cuando sólo contabas 20 años, las cualidades que ahora vemos todos.
Pero...ya dejaste dicho: "Los que de corazón se quieren sólo con el corazón se hablan"





jueves, 14 de junio de 2007

En la Catedral







¡Yo soy!






Soy la sombra que entra en la Pulcra Leonina cuando afuera hace sol. Mi sombra se ilumina a la luz que atraviesa las hermosas vidrieras. 

Veo la niña que de la mano de su madre se dirige hacia el fondo, detrás del altar mayor. Allí hay una Virgen encinta. Allí se paran las dos. La madre sólo le pide:"Que no me la lleve, no.

_¿También espera un bebé?

_También lo espera, mi amor.

Se paran frente al altar: ¿Ves ese dorado sol?, es la Sagrada Custodia, dentro está Jesús quien te da lo que le pidas con amor. La niña mira a lo alto, cuando regresan las dos. Su madre le va contando la leyenda del "topo" que deshacía por la noche lo que los artesanos construían por el día. Allí sobre la entrada principal está su piel. La niña sigue mirando.

_El topo "Penélope" _dije yo_ pero como soy sólo sombra, ninguna de ellas me oyó.

Salen a la plaza, el sol sigue brillando. Dos policías acompañan a un hombre. La madre palidece y la manita se suelta de la suya bruscamente, alguien le ha dado un tirón.

_Papá, ¿no viene mamá?

_No tu " custodia" la tengo yo. La niña mira hacia atrás.

_No papá, la Custodia está en la Catedral.

Un grupo de personas se arremolinan. Dos policías se llevan a la mujer.

_¡Pobre !, ¡se ha desmayado, será el embarazo, con este calor...! _comenta un anciano.

Yo, me voy tras de la niña, su padre me va pisando, y ... voy sintiendo el dolor.


"La medida del amor es amar sin medida" de San Agustín.