Hace años, cuando estaba en activo, fui con mis alumn@as al Coto Escolar. Allí estaban Luna y Poderoso. Imponían y te asombraban pero aún así, sentí tristeza. Unos animales tan fuertes y vigorosos desentonaban encerrados entre rejas en aquel pequeño espacio.
Los escolares que los visitan disfrutan mirándolos con todo tipo de precauciones, pero... Entonces sentí lástima de la pareja de osos y hoy también. Desde hace más de 25 años viven en el Coto Escolar. Un espacio bastante grande pero que el que ellos ocupan se limita a unas jaulas con doble valla y un cercado para que los niños y niñas que visitan el lugar no corran peligro.
Podía haber hecho algo por ellos para que los liberaran con pancartas o escritos, pero no hice nada. Más de una vez he recordado con alegría, los naranjos que vi allí, preciosos repletos de naranjas algo difícil en un clima como el nuestro. Me llamaron mucho la atención los naranjos pero a Luna y Poderoso los olvidé.
La semana pasada leí un reportaje en El Diario de León sobre la pareja de osos en el que decían la buena vida que llevaban, los muchos cuidados que reciben y lo bien alimentados que están. Tanto, que ni siquiera invernan. Mi sombra volvió a sentir pena por ellos.
Toda su vida encerrados entre barrotes metálicos. Nunca han salido a pasear a lugar alguno. ¿No es una pena que teniendo nuestra provincia montañas y lugares hermosos, esta pareja jamás haya conocido la libertad?
A Luna la bautizaron así por el Valle del Luna de nuestra provincia. ¡Jamás lo verá! A Poderoso por su gran fuerza y poder. ¿Qué poder puede tener un oso siempre encerrado desde su niñez a su vejez ya que cumplió 27 años y se le considera un anciano? A veces, como los niños, disfrutan de golosinas en su cautiverio: "Cogemos un palo, lo metemos en un bote de miel y se lo dejamos chupar, otras le untamos la miel en pan y lo desfrutan como nadie". Esta frase trajo a mi mente de sombra otra de Lazarillo de Tormes, cuando su amo el cura le da la llave para que vaya a comer una cebolla, único alimento que le daba junto con un pedazo de pan, a la vez que le decía: "Toma que no haces más que golosinar".
¡No, no es una vida maravillosa! Su prisión es aún peor que la de un zoo normal, con menos espacio y más encierro. Hace años propusieron, según el artículo, un mejor hogar para ellos en las montañas, pero ni el gobierno autonómico ni los municipios se pusieron de acuerdo para mejorar su suerte y... ahí seguirán, encarcelados hasta el día de su muerte. ¿Es la suya una buena vida sin libertad?
¿Sería una buena vida la de cualquiera de nosotros toda la vida en la cárcel sin haber cometido delito alguno?
No merecen esta vida: "Cuando el hombre se apiade de todas las criaturas vivientes, sólo entonces será noble" de Buda.







