Amaya tuvo dos hijos con su primer marido del que se divorció cuando sus hijos tenían siete y nueve años. Amaya se casó de nuevo con José que era un hombre soltero pero con muchos deseos de ser padre.
Pasaron dos años y José insistía en que quería ser padre y animaba a su mujer a ir a por la niña. Amaya dudaba pero después de dos niños, una niña... Al final accedió y llegó la niña. ¡Y... qué niña! Una llorona que no cesaba su llanto ni de día ni de noche. Pasaron los meses y la pequeña seguía con su llorera inconsolable a medida que las discusiones entre sus padres aumentaban.
Amaya un día explotó y echó en cara a José lo que pensaba: ¡Por tu culpa! Ahora que ya había dejado de hacer biberones y poner pañales me has hecho volver a empezar. José en el fondo se siente responsable pero no se calla. Los vecinos se preocuparon por tanto llanto que no les dejaba pegar ojo y preguntaron a los padres el por qué de tanto lloro. El pediatra nos dice que está bien. ¡Qué le vamos a hacer! Salió llorona. Contestan los progenitores.
Las discusiones a gritos e insultos entre la pareja iban a más y para que sus vecinos no llegaran a denunciar por el lloriqueo y sus trifulcas, el matrimonio se fue a vivir a una casa en un pueblo cercano a la ciudad. Las peloteras entre la pareja no cesaron. Lo que hace, en opinión de la nueva vecina, que la niña aún llore más y más.
Al padre se le escucha intentar calmar a la niña, tiene mucha paciencia con ella y siempre le habla con cariño, mientras que Amaya le vocea y no para de repetir: ¡Esto es insufrible! Los altercados entre los miembros de la pareja y las faltas de respeto continúan.
La niña ya tiene año y medio y sigue llorando. Sus nueva vecina que tiene dos hijos se pasa las noches en blanco a causa de los lloros de la niña y no sabe qué medidas tomar. Las peleas y gritos de los padres, en especial los de la madre de día y los lloros de la niña a todas horas no les dejan descansar y piensa que sus hijos, a veces, también discuten y no quiere malos rollos con sus nuevos vecinos. De momento sufre y soporta la situación. ¿Hasta cuándo?
Una triste situación: "Lo que se les dé a los niños, los niños darán a la sociedad" de Karl A. Menninger.








