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| Imagen obtenida de Google |
Miguel lo cuenta sin pena. Dice que ya ha perdonado a su madre pero aún no corre por verla y algo de resquemor guarda muy adentro.
Miguel vivía con sus padres en Vigo y un hermano mayor que él. Sus padres se separaron cuando Miguel tenía siete años. El padre vino a vivir con su nueva compañera a nuestra Comunidad. Fundó aquí una nueva familia y apenas se relacionaba con la primera.
La madre de Miguel sacó adelante a sus dos hijos. El mayor se independizó y se fue a vivir con su novia a otra provincia. Miguel, con 17 años, vagueaba y servía copas en un bar pero no le daba ni para sus gastos y gustos para los que dependía de su madre. La madre de Miguel conoció a un francés pero su hijo no llevaba bien esta relación.
Un día de los que salió de botellón y llegó a casa a mediodía su madre le esperaba con una maleta preparada en la puerta. Sin darle tiempo a explicaciones le espetó: Me voy a vivir a Francia. Tú te vas a vivir con tu padre, ya he hablado con él. Así, de repente, sin más contemplaciones. A Miguel se le vino el mundo encima.
En una semana, sin comerlo ni beberlo, se encontró viviendo en Palencia. En Galicia dejó Miguel una gran etapa de su vida anterior. Alejado de sus amigos de toda la vida, en un ambiente completamente nuevo, conviviendo con una familia desconocida: un padre al que había visto pocas veces, una mujer que sería su madrastra y un hermanastro con el que nunca había coincidido, a pesar de conocer su existencia.
Al principio no lo pasó nada bien, a pesar del buen trato en su nueva familia, echaba de menos todo, hasta añoraba la lluvia de su Vigo natal. A pesar de todo en su nuevo hogar encontró un amigo especial en su hermanastro, un chico de su misma edad, que lo metió en su pandilla y le ayudó cuando peor lo pasaba a superar los cambios en su vida. En su hermanastro, aunque a él no le gusta esa palabra, encontró un gran apoyo y sabe que siempre puede contar con él.
Hoy, Miguel trabaja de montador eléctrico, es independiente, le gusta su trabajo y está contento con su nueva vida en Palencia. Estas situaciones se dan cada vez más y en la mayoría de los casos dependen de la actitud de cada uno de nosotros que sean experiencias positivas o negativas.
Saber adaptarnos a las circunstancias nos hace más fuertes: "Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas" de Henry Miller.








