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| Imagen obtenida de Google. |
Siempre me ha llamado la atención que los religiosos y religiosas católicos se hagan llamar: padres, madres, hermanos y hermanas. Me parece una falta de humildad grande en quienes la predican.
Como el pasado martes celebramos el día del Padre, vino a mi mente de sombra una conferencia que escuché en Astorga hace más de veinte años. El "padre" Servando fue el encargado de dar la charla-coloquio sobre los avances que habían logrado los misioneros de su congregación entre la tribu de los Indios Motilones.
Según el misionero, cuando llegaron allí la tribu estaba totalmente asalvajada. Se nos mostraron imágenes antes de la llegada de los misioneros. Se veían construcciones sencillas, donde el fuego iluminaba, daba calor y servía para cocinar.. Escenas, a mi entender, paradisiacas, en las que las mujeres iban con los pechos al descubiertos una faldilla vegetal y adornos de colores al cuello. Los niños y las niñas completamente desnudos con collares de huesecillos Los hombres con un taparrabos y pinturas en brazos y cara.
Las diapositivas, mostraban a las mujeres con sus hijos, tejían fibras vegetales, acarreaban alimentos... Los hombres por la selva cazando o preparando utensilios de caza. La charla del misionero acompañaba a las diapositivas que no necesitaban explicación alguna.
A continuación, otra serie de diapositivas mostraban nuevas construcciones modernas con capilla incluída. Los hombres como antes. Las mujeres con sus pechos cubiertos y los niños y niñas vestidos y limpios.
Jamás olvidaré la última imagen: niños y niñas en la catequesis, aseados y uniformados, sentados unos junto a otros en bancos en silencio delante de uno de los "hermanos" al que escuchaban. ¡No parecían los mismos! A mí me dio hasta pena.
Una vez acabada la charla todo eran felicitaciones. De pronto una persona se levantó y preguntó si ahora los niños y niñas serían más felices. El "padre" contestó sin dudarlo: Mas felices, porque no olviden que han abrazado la fe católica.
Otra persona, en la misma línea, argumentó que no, que para ellos acostumbrados a valorar y respetar la Naturaleza ofrecerles a cambio un Jesucristo no podía ser mejor. Además _añadió_ cubrirles con vestidos les da a entender que el desnudo es pecado y se les culpabiliza. En cuanto a sus costumbres _apostilló_ ahora, "más educadas", desde mi punto de vista han perdido toda naturalidad.
El "padre" argumentó que les abrían los ojos a nuestro mundo desconocido para ellos, que curaban a los enfermos, que les enseñaban a leer y a escribir, a mantener la higiene, a cultivar otros productos ...
Por lo menos a tres de los asistentes, entre los que me incluyo, no nos convenció. Mi sombra está de acuerdo con la civilización pero discrepo de la evangelización.
Me impactaron las últimas imágenes infantiles: "Es un hecho interesante y demostrable que todos los niños son ateos y si no se les inculcara una religión lo seguirían siendo" de Ernestine L. Rose.